Mala adecuación de los niveles de vitamina D en las guías de referencia. Revisión.


Una revisión recientemente publicada (enero 2026) advierte:

“Si bien los datos y la literatura actuales respaldan que la suficiencia de vitamina D se encuentra por encima de 30 ng/mL, ahora existe evidencia que demuestra que niveles de hasta 60 ng/mL pueden ser cruciales para las funciones esenciales del cuerpo humano, incluida la protección inmunológica.



Como hemos descubierto, las células inmunitarias, tanto innatas como adaptativas, como las células T, las células B y las células dendríticas, expresan el receptor VDR y son capaces de convertir la vitamina D en su forma activa. Esto significa que nuestro sistema inmunitario suele tener una necesidad de vitamina D aún mayor en caso de infección.

En enfermedades desde trastornos neurológicos, autoimnues como la esclerosis múltiple (EM) hasta enfermedades metabólicas como la diabetes mellitus (DM), la vitamina D actúa como combustible para las células inmunitarias y su demanda aumentará a medida que estas enfermedades se vuelvan resistentes a los esteroides y otras terapias.



Los valores límite anteriores descritos en las guías para niveles adecuados de vitamina D, no consideran la funcionalidad inmunitaria que posee. Al tomar una decisión sobre un nivel adecuado de vitamina D en el cuerpo humano, se tuvo en cuenta únicamente la prevención del deterioro óseo en enfermedades como el raquitismo y la osteomalacia.”



Del paradigma óseo al inmunológico

El conjunto de la evidencia actual subraya el papel de la vitamina D como cofactor inmunológico vital. Los hallazgos vinculan la falta de vitamina D con enfermedades resistentes al tratamiento o inmunomediadas.


La deficiencia de vitamina D se asocia consistentemente con:

  • Actividad desregulada de las citoquinas*.
  • Deterioro de la defensa del huésped.
  • Menor respuesta a los glucocorticoides.
  • Aumento de la autoinmunidad.

* Las citoquinas son moléculas que secretan células inmunitarias. Actúan como mensajeros que indican a las células cuándo proliferar, diferenciarse o atacar invasores. Una desregulación puede provocar inflamación excesiva, conocida como «tormenta de citoquinas».


¿Qué encontramos en la práctica clínica desde el control y manejo de la vitamina D?

Desde inicios del siglo XXI se estudia sobre el uso, no solo preventivo, sino terapéutico de la vitamina D. Hay estudios aislados publicados, y muchos casos clínicos de estabilidad en enfermedades de difícil control como autoinmunes invalidantes.

Han sido muchos los intentos de llevar a cabo líneas de investigación con ensayos clínicos bien diseñados, multicentro, involucrando diferentes hospitales y equipos médicos internacionales bien preparados, para poder con ello ser publicados los resultados en revistas científicas, y así evidenciar el impacto de la terapéutica con vitamina D. Pero históricamente ha habido un rechazado sistemático por parte de los Comité Éticos que proceden a la autorización, porque todavía consideran que se pone en peligro la salud del paciente.



NOTA: Siempre usamos la vitamina D3 en su forma nativa, el colecalciferol, ya que la forma sintética de calcifediol (Hidroferol®) muestra resultados erráticos y no permite obtener todos los metabolitos con potencial inmunomodulador. Más información en el libro VitaminaDos.