Estreñimiento, metano e intestino irritable

Si sufres de estreñimiento párate a leer esto, puede cambiar tu vida antes de sufrir el Síndrome de Intestino Irritable, o si ya lo sufres. Descubre su relación con el gas metano.


El Síndrome del Intestino Irritable (SII) afecta a entre el 21% y el 75% de la población mundial, variando por zonas geográficas. Se caracteriza por dolor abdominal recurrente crónico en relación con hábitos intestinales alterados, que comprenden estreñimiento o diarrea. Es una entidad clínica poco atendida por la comunidad médica, pese al conocimiento actual existente, y muy común en la consulta del nutricionista clínico; es por ello que atendamos cada vez más este desorden, ante un paciente frustrado por la atención médica recibida.


Para el caso de SII con predominio de constipación (ESTREÑIMIENTO), se asocia con cambios en el microbioma intestinal, observando una ecología intestinal distinta con organismos productores de gas METANO.


Metano y estreñimiento

Todos producimos metano en el intestino por la fermentación y degradación de alimentos. Se trata de un gas considerado inocente salvo por su alto impacto en el incremento del efecto invernadero en la atmósfera. Pero resultó también ser un gas que altera el tránsito del intestino delgado, contrayendo el intestino, reduciendo la velocidad del peristaltismo, y convirtiéndose en culpable de la patogénesis del estreñimiento en el SII de constipación.

Existen en nuestro intestino microorganismos productores de metano (metanógenos) como las ARQUEAS, que crecen bien en condiciones de tránsito lento. Estas forman un círculo vicioso: producen metano que retrasa el tránsito intestinal, y a su vez esta condición favorece su sobrecrecimiento produciendo más metano.



Con todo, el origen del estreñimiento no está en las arqueas. Diversos factores pueden llevar a episodios de estreñimiento como el estrés, una pobre hidratación, alimentación malsana, baja exposición a la luz solar natural, horarios que alteran el ritmo circadiano, inactividad física o vida sedentaria, consumo de medicamentos (cuidado con el mal llamado «protector de estómago» tipo omeprazol u otros inhibidores de la bomba de protones) y sustancias tóxicas, entre otros. Si el estreñimiento se cronifica favorece el sobrecrecimiento de organismos metanógenos como las arqueas en el intestino grueso, y pueden colonizar el intestino delgado (no limitándose a su hábitat original, el intestino grueso).


La cantidad de gas metano en nuestro organismo es proporcional al grado de estreñimiento. Imagínense vivir en un planeta donde la atmósfera fuese rica en metano, al estilo Titán… ¿hablaríamos de humanos con estreñimiento crónico?, ¿una nueva especie llamada homo sapiens constipation?



El metano es producido por las vacas, llegándose al absurdo de culparlas del cambio climático. Los humanos también lo producimos, y lo usamos como combustible. Su efecto sobre el cambio climático es mayor que el dióxido de carbono, pero no es inmediato, repercute en los 100 años próximos.


Tratamiento

Tradicionalmente se ha tratado el estreñimiento a base de laxantes, probióticos, fibras dietéticas e hidratación abundante, hábito e higiene postural, sin considerar la influencia en la producción de metano (metanogénesis) directa o indirectamente.

Partiendo de los factores de riesgo, restaurar el orden en el conjunto del estilo de vida personal, con modos de vida saludables y coherentes con nuestra biología, es el primer paso. Si el estreñimiento crónico ya se ha instaurado con un SII, tendremos que añadir una terapéutica desde fármacos (tipo antibióticos) o nutracéuticos (tipo cápsulas de aceites esenciales con alta concentración del principio activo herbáceo y/o aceites ozonizados, nutrición complementaria moduladora de la inmunidad e inflamación, probióticos, etc.) con acción terapéutica demostrada.

El sobrecremiento de arqueas y la sobreproducción de metano, no vienen solas. En ocasiones acompañan de otras alteraciones en paralelo, o entidades clínicas que subyacen y propician el SII. Debemos hacer una completa valoración del conjunto de síntomas intestinales y extraintestinales de la persona que los manifiesta, y contar con la colaboración médica para el acceso a pruebas diagnósticas.


Pruebas diagnósticas

Conocido ya el rol del metano en el SII de constipación, tenemos pruebas para medir la presencia de metanógenos, la más asequible la técnica de aire espirado que mide la concentración de metano a lo largo del intestino. De esta forma podemos identificar si existe un IMO (Intestinal Methanogen Overgrowth, como se conoce al sobrecrecimiento intestinal de arqueas), diferenciándolo de otra condición conocida como SIBO.

La prueba se inicia tras la ingesta de un sustrato en un preparado líquido, espirando aire en varias ocasiones durante 3 horas, para recoger muestra de gases. Antes de realizar la prueba hay que realizar una preparación dietética de exclusión y ayuno, más suspensión de fármacos y suplementos o nutracéuticos durante un tiempo previo prudente.



Es conveniente realizar el test a dos gases, metano e hidrógeno (¡nunca solo de hidrógeno!), para tener información más completa de las condiciones ecológicas de base.


Y después del diagnóstico de IMO ¿qué hacer?

Como vimos anteriormente disponemos de tratamiento a base de fármacos o nutracéuticos.

La opción farmacológica de antibióticos puede dar lugar a resistencia, y solo puede ser recetado por un médico (conocedor). El uso de nutracéuticos (pautado por nutricionistas clínicos y médicos conocedores) no está exento de efectos secundarios y molestias, de igual forma que puede producirse con los antibióticos, formando parte del proceso y camino de mejora. Combinar opciones terapéuticas junto a pautas dietéticas, puede ser la mejor opción.

Los nutracéuticos ofrecen variedad de combinaciones con eficacia demostrada en ensayos clínicos. Sea cual sea la opción elegida no debe considerarse como un tratamiento único, pues solo sería un parche temporal, con riesgo de recidivas.

Hay que encontrar el desequilibrio de base, y trabajar en el conjunto. Para ello es necesario ir paso a paso, por FASES PROGRESIVAS de reajustes, con paciencia y voluntad por parte de los pacientes y de los profesionales clínicos que atendemos y acompañamos.


Es muy importante recordar que se debe valorar el conjunto de la sintomatología presentada, y considerar otras alteraciones que pueden acompañar a un IMO en paralelo, incluso favorecer su aparición o agravarlo (intolerancias alimentarias, infección por Helicobacter pylori, dispepsia, hipoclorhidria, disbiosis, celiaquía, patología inflamatoria intestinal, adherencias intestinales, disautonomía, colagenopatías, tiroiditis, tumores neuroendocrinos, etc.)


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María Hernádez Bascuñana (col. CV320)
Inmunonutrición | Nutrición, Salud y Estilo de vida | www.bascuñana.net